Hombres que ladran

"Ladran Sancho, señal que cabalgamos"

8 de noviembre de 2009

Díme cuándo volverás, Aubert

7 de noviembre de 2009

Y el amor, Serrat

20 de octubre de 2009

Say no more, Flavia Ricci



¿Cómo era aquello? Lo de forzarme y hasta esforzarme por hacer algo?
¿Cómo era una mano, encima de otra mano, entrelazada?
¿Cómo era un labio, encima de otro labio?
¿Cómo eran mis ojos, siguiendo tus ojos, plantándose?
Mi mano encima del volante del coche en un semáforo que hace minutos ha dado verde, amarillo, rojo y otra vez verde, amarillo, rojo y otra vez.
El claxon, las voces, los cantos, la música
¿Cómo era aquello de ver pequeños Lego que iban apilándose?
¿Cómo era un ajedrez de Colombia?
¿Cómo era el aroma del café recién molido listo para dos?
Floto sin nadar, vuelo al ras, salto hacia abajo, trepo en diagonal.
¿Cómo era aquello?
¿De qué se trata esto?
Porque no lo quiero.

18 de octubre de 2009

Whatever works, Flavia Ricci

- Soy psíquica, puedo ver el futuro.

- Y si puedes verlo, ¿cómo es que no viste que saltaría y caería encima de tí?

- Tal vez lo ví.


Día de la Madre 2009, Flavia Ricci

15 de octubre de 2009

1/2Hermana, Flavia Ricci



- En el Jardín dibujé a toda mi familia: mi mamá, mi papá, mi medio hermana y yo. Y dibujé a mi hermana cortada por la mitad.
- ¿Ein?
- Claro, porque no es mi hermana: ¡es mi medio-hermana!

24 de septiembre de 2009

Boca abajo, Flavia Ricci

El recuerdo raspa,
me abstrae
me hipnotiza
sos vos
que irrumpís sin derecho
en mi vida
en mi mente
me das la mano
te miro perpleja
desayunamos juntos
el café sabe horrible
pero el futuro es delicioso
De vez en cuando
atajo los recuerdos como puedo
se me avalanzan
yo los esquivo
hasta que uno
me da en la cabeza
y caigo boca abajo
y se me hace un hueco en el pecho
como cuando nos fuimos
uno del otro
más vos que yo
que siempre me voy para regresar
Regresar al hueco
De no estar con vos
Para sobrevivir

9 de agosto de 2009

Corazón de mudanza, Javier Castañeda

Interesante reflexión del periodista Javier Castañeda en La Vanguardia. En este blog he escrito algunas reflexiones parecidas como 2007. Podéis leer la columna original haciendo clic AQUÍ.



Corazón de mudanza

Siempre me gustó el título de esta canción de Tontxu. Quizá porque cuando veo un camión de mudanzas, con las cajas apiladas y los muebles despegados de sus habituales paredes, pienso en las piezas de un puzzle deslavazado. Aunque ni todas las mudanzas implican que algo se rompa, ni necesariamente suponen un cambio de casa. Hay mudanzas de vivienda, pero también de trabajo, de ciudad, de amigos, de pareja, etc.

En principio, esto de las mudanzas puede parecer sencillo, pero no lo es tanto. Sobre todo porque suelen tener un fuerte componente afectivo, sea la mudanza de lo que sea, que no siempre es fácil de digerir. Por otro lado, también suelen propinar una buena dosis de vértigo o de pánico al cambio. Pero en tiempos neonómadas, donde cada vez los paisajes son más efímeros, suele ser de agradecer cultivar el desapego, pues estamos casi obligados a aceptar una vida in itinere. La cara positiva del cambio suele ser algo a menudo inesperada; y quizá precisamente sea ese factor sorpresa lo que impide con claridad las ventajas que supone una variación en los elementos esenciales que sustentan al ser. Por eso suele primar la dificultad de adaptación –o el miedo inicial- a ese futuro incierto que nos aguarda tras cambiar.

Lo ilustraré con tres ejemplos personales que han ocurrido recientemente y que me han hecho reflexionar sobre la capacidad -o no- de los individuos para aceptar los cambios. El primero de los casos es el de un conocido que, tras siete años, rompe su relación con su pareja. En años de juventud tanto tiempo parece una eternidad y, al enterarte, una primera reacción casi inevitable es dar el pésame por la ruptura, ya que, al irse al traste una relación, con ella desaparecen todo tipo de sueños e ilusiones ligados a ella, como son tener una casa, hijos, un futuro común, etc. Pero puesto que la voluntad de ambos componentes era buena, y en todo momento primó el respeto y el cariño hacia lo mutuo compartido –ya sé que por desgracia no es lo más frecuente- la separación no fue ni muy compleja ni traumática. Tras ello, lo que parecía –o suele interpretarse- como desgracia, ha resultado traer buenas nuevas. Uno ha encontrado ya un nuevo amor y claro, está radiante. El otro, ha sabido mirar adelante con optimismo y tiene una nueva casa con la que ha ampliado su círculo de relaciones. El halo del cambio también le ha invitado a cambiar de oficina y mejorar en muchos aspectos. Es un cambio de pareja que ha traído consigo una renovación personal y laboral.

Otra conocida en cambio, que quizá sin saberlo vivía constreñida por el peso de los años y de muchas ilusiones no cumplidas, ha empezado por un cambio de vivienda y podría decirse que, al renovar su espacio vital, ha activado ciertas rutinas que le han permitido ampliar también su horizonte en otros aspectos. Tras un muy positivo cambio de vivienda, diría que se ha atrevido a mirar con mayor fuerza o energía renovada su vida y, tras muchos años de pasar por situaciones bastante ingratas –laboralmente hablando- a dar un salto cualitativo y apostar por un trabajo a su medida. Contra todo pronóstico, su nuevo espacio ha actuado como catalizador de sueños y le ha insuflado el valor suficiente como para mandar a su antiguo jefe –que le hacía la vida imposible- a hacer gárgaras, para atreverse a intentar encontrar algo mejor. Además, y puesto que se siente más reconocida por sus méritos profesionales, ahora también se permite tener sueños que cumplir en otras facetas –como el encontrar una pareja- cosa que quizá no se había permitido hasta la fecha. En este caso es un cambio de casa el que ha propiciado un cambio de trabajo y hasta de estatus amoroso.

El tercer ejemplo no tiene final feliz. Al menos no de momento, pero creo que no tardará en llegar. Es un caso de mera insatisfacción personal, de crisis –en sentido de revolución- en el que alguien siente que ha de cambiar de trabajo y de lugar de vida. En este caso la dificultad estriba en desatar los lazos afectivos que se han ido creando durante años en una ciudad, para pasar a otro entorno nuevo, virgen y desconocido en afectos; ya que el nuevo trabajo implica un cambio geográfico. Este es un caso de los que podríamos llamar "de ida y vuelta" puesto que, pese a tener muchas ganas de cambiar de ciudad y hasta de trabajo, al llegar al destino soñado –en el que erróneamente se presume que todo será perfecto- los problemas del nuevo destino hacen valorar doblemente el espacio abandonado e invitan, con gran premura, a volver casi a cualquier precio. Es un caso de cambio de espacio que, por inadaptación al nuevo, implica un retorno inmediato, pero que enseña a valorar todo lo que antaño se tenía.

Estos son sólo tres casos aislados –y muy brevemente resumidos- y que no tienen mayor valor que el anecdótico. Pero la reflexión que se puede sacar de estos pequeños trazos de vida elegidos al azar, es bastante potente. La capacidad de cambio de una de nuestras principales coordenadas vitales es tan grande y transversal que, queramos o no, influirá en el resto. Y pese a que muchas veces nos cuesta afirmar si es ya o no, cuesta tener presente los distintos aspectos positivos que todo cambio conlleva. Pero como suele decirse, cuando una puerta se cierra, otras se abren. Y puesto que no hay nada más efímero que nuestra propia existencia, quizá sea mejor aprender a soltar y no aferrarse mucho a nada; a conjugar con soltura los distintos tiempos del verbo cambiar y, sobre todo, a no asociar automáticamente un sentimiento de pena al ver pasar, un corazón de mudanza.

8 de agosto de 2009

U, Flavia Ricci

La U puede ir en cualquier sitio, pero no cambiará nuestra situación
Yo tiraba de la U hacia la izquierda, vos tirabas de la U hacia de derecha
Pero ni para vos ni para mí cambiaba nada, ni cambia
Conocerte para mí siempre habrá sido una caUsalidad
Mientras que para vos
bohemio en tránsito
habrá sido siempre una casUalidad
Y me lo seguís diciendo con tu más amplia sonrisa
que no tiene nada de casual

4 de agosto de 2009

¡Feliz aniversario Zoe!, Flavia Ricci

Espero que siempre gustes de los viajes y los libros
Los relatos y la velocidad
los dulces y la música "étnica"
las pelis y los verdes muy verdes
Y verás, que más temprano que tarde te mostraré un lugar donde podrás soñar y creer, que es mi lugar donde aprendí a soñar y creer
Azul, llano, tranquilo
Lleno de sonrisas
Todo para vos




12 de julio de 2009

Historias, Flavia Ricci

Para que no recorras mis rincones
Ni preguntes a desconocidos
Ni sigas mis pistas por Internet
o en fotos que nadie mira
Para que no mires mis cosas
sin saber a qué se refieren
Ni me busques en la música que escucho
o escuchaba
Voy a contarte siempre todo hija
para que jamás entre nosotras haya mentiras
ni secretos
Y siempre pueda mirarte crecer
con la frente alta
Y cuando me duerma
lo haga cerrando ambos ojos
y con la mente tranquila
Voy a narrarte todo
hasta lo que no te imagines
para que cuando te cuenten
antes lo hayas sabido
Y porque no quiero que crezcas nunca
en un mundo de mentiras y diretes
Voy a contarte todo
porque creo en la palabra
y creo más que nada en la verdad.

1 de julio de 2009

Música, Flavia Ricci



11 de junio de 2009

Irse, Flavia Ricci

- No quiero que te vayas
- No es que quiera irme

Un diálogo que muchas veces hemos tenido que escuchar.

23 de mayo de 2009

La letra, para vos. Flavia Ricci

Dime si te tengo que olvidar
o si tengo que pensar
que siempre volvemos de nuevo (...)

Dueños del derecho a un vis a vis
de dos penas por cumplir
de un billete de retorno.

Locos por querernos sin querer
por probarnos otra vez
en la fila de los tontos.

Somos los dos polos de una noria
los dos protas de una historia de malos y de buenos
dime si te trato de olvidar
o si tengo que pensar
que siempre volvemos de nuevo.

Que siempre nos ganan las ganas
porque a los dos nos gusta dormir
del mismo lado de la cama.



17 de mayo de 2009

Conducir, Flavia Ricci

Fui primera, estuve adelante de todo, pero por eso mismo enseguida me sobrepasaba la segunda, a más velocidad. Fui segunda, con más calma, pero es que llegaba la tercera rápidamente, y allí quedaba yo. Entonces fui tercera y descubrí que había cuarta. Y cuando fui cuarta me sobrepasó la quinta. Y un día, maravilloso día, equivocando la quinta con la marcha atrás colisioné contigo. Así que mientras que vos me miraste con tus ojos bien abiertos yo quedé completamente muda de las causas y azares que me llevaron a vos. Es curioso cómo la vida me ha enseñado con el tiempo a dejar de manejar, para comenzar a conducir.

15 de mayo de 2009

Esto, Fernando Pessoa

Dicen que finjo o miento.
Todo lo escribo. No.
Yo simplemente siento
Con la imaginación.
No uso el corazón.

Todo lo que sueño o vivo,
Lo que me falla o acaba,
Es como una terraza
Aún sobre otra cosa.
Esa cosa es la que es bella.

Por eso escribo en medio.
de lo que no está al pie,
Libre de mi ensueño,
Serio de lo que no es.
¿Sentir? ¡Que sienta quién lee!

La belleza, Fernando Pessoa

A veces ,en días de luz perfecta y exacta,

en que las cosas tienen cuanta realidad pueden tener,

me pregunto a mí mismo despacio

por qué siquiera atribuyo

belleza a las cosas.



¿Una flor tiene acaso belleza?

¿Tiene acaso belleza una fruta?

No: tienen color y forma

y tan sólo existencia.

La belleza es el nombre de algo que no existe,

que yo doy a las cosas a cambio del placer que me producen.

No significa nada.

Entonces, ¿Por qué digo de las cosas: son bellas?



Sí, incluso a mí, que sólo vivo de vivir, invisibles,

vienen a hablarme las mentiras de los hombres ante las cosas,

ante las cosas que simplemente existen.

13 de mayo de 2009

The Tenant, Polanski de los 70


"Dime... ¿En qué preciso momento... un individuo deja de pensar que es él mismo?
Córtame el brazo, ¿vale? Y digo: "yo y mi brazo".
Córtame el otro brazo. Y digo:"Yo y mis dos brazos".
Sácame fuera el estómago, mis riñones... asumiendo que eso sea posible... Y yo digo: "Yo y mis intestinos"¿Me sigues?.
Ahora bien, si me cortas la cabeza...
¿Qué debería decir? ¿"Yo y mi cabeza" o "Yo y mi cuerpo"?
¿Con qué derecho mi cabeza se llama a sí misma "Yo"?

¿Con qué derecho?..."